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Indicadores de daño psíquico

 

El daño psíquico se relaciona con la teoría económica de Freud, en donde existe un exceso de energía que invade la estructura psíquica del sujeto, por lo cual ésta no puede ser elaborada y produce un efecto traumático. Esto explica la reiteración de sueños relacionados con el suceso traumático. Este monto de energía que no puede ser tramitado produce algunas veces formas de autoagresión (inhibición, aislamiento, temores, obesidad o aumentos significativos de peso), y por proyección, formas de heteroagresión (cambios del humor, precipitación y ansiedad).

Sideración psíquica: se trata de un estado de atontamiento, de un trastrocamiento o devastación de los puntos de referencia del sujeto, cuando es impactado por el evento traumático. Dicho impacto produce a nivel intrapsíquico una suerte de fractura del sistema de  de defensa que protege al psiquismo de un exceso de excitación, siendo esta fractura la responsable de colocar al sujeto en confrontación con la realidad de la muerte, o con la “imagen del sí mismo muerto”. Así, se produce un cibaje, una disociación de las representaciones, ya que una parte de los pensamientos continúa circulando libremente, permitiendo en apariencia adaptarse a la realidad presente. Se produce una hipervigilancia que permite estar en estado de alerta, mientras que en un embotamiento de las emociones y una amnesia parcial permiten manejar el estrés. Pero otra parte queda adherida alrededor de la imagen traumática, originando perturbaciones que luego de cierto tiempo de transcurrido el evento traumático se organizan y consolidan bajo el síndrome de repetición traumática. Así el sujeto revive las escenas traumáticas indefinidamente como un filme que se reitera de manera circular.  Estos elementos descriptos se combinan dinámicamente constituyendo el Síndrome de Trastorno por Estrés Postraumático, en el que podemos advertir la presencia de las siguientes manifestaciones que son expresiones directas de la irrupción masiva de emergentes del proceso primario, como modalidad preponderante:

-          reacciones inmediatas de estrés

-          evocación de la muerte

-          ausencia de mediación a través de las palabras

-          pérdida de los referentes espacio y tiempo

-          inhibición (no neurótica, o sea, motora y cognitiva más que en la activ.)

-          mirada escópica de imágenes traumáticas (mirar con fascinación elementos como fuego, explosión, etc.)

-          imágenes auditivas, olfativas  táctiles ante estímulos sutiles.

-          Trastornos de funciones vitales: pérdida de apetito o exceso, trastornos del sueño, incluso hipersomnia como “refugio en el soñar”)

-          Trastorno del humor hacia la tristeza y sentimientos de terror, de aniquilación o de vacío.

 

Indicadores de daño psíquico

 

-          En el Bender, la personalidad post-traumática se expresa con un movimiento motor ascendente y descendente; puede ser que se altere la secuencia global o bien un zigzagueo en la construcción de alguna figura o en varias, como representación de la compulsión a la repetición postulada por Freud.

-          Cortes o rupturas en la secuencia temporal en el T.R.O. Dificultades para integrar los tres tiempos (pasado – presente – futuro). Digamos que el “antes” está disociado del “después”.

-          En el Rorschach uno puede apreciar vivencias de castración (despedazamiento corporal) contenidas dentro  de los que se denominan “fenómenos especiales”, más específicamente, “acción padecida”. Ejemplo de esto serían “mariposa mutilada”, “un bicho muerto”. Este rasgo puede relacionarse con el concepto de corps morcelé, según Lacan).

-          En gráficos, cuerpos diezmados, lacerados, lastimados o deteriorados. Eventualmente figuras vacías. Expresiones de horror en las facies, pudiendo faltar la boca. Los relatos asociados a estos dibujos suelen ser compensatorios del sentimiento de horripilación que soporta el traumatizado, y es esperable que aparezcan relatos de bienestar, alegría o felicidad (disociación por la fractura). También árboles con ramas cortadas o marcas en el tronco. Las marcas en el tronco pueden indicarnos la antigüedad del hecho para ubicarlo temporalmente. Árboles que han sido talados y del corte salen pequeñas ramas indican que el peritado se encuentra en proceso de recuperación luego de un trauma. Personas, árboles o casas inclinadas por el viento pueden indicar temor por lo imprevisto como respuesta al hecho traumático.

-          En el Desiderativo, distancia entre los aspectos persecutorios, desvalorizados, desvalidos por una parte y los aspectos idealizados, valorizados, por la otra, lo que patentiza la existencia del clivaje intenso que opera en el yo para proteger al sujeto de ser tragado por el agujero negro de la vivencia traumática.

 

De más está decir que a estos indicadores debemos cotejarlos buscando recurrencias y convergencias, como también enriquecerlos a través de éstas. Por ejemplo, indicadores de negación pueden corroborar un estado de sideración psíquica, si bien la negación en sí no sería suficiente para tal confirmación. Esto nos abre un panorama de particularidades dentro de cada caso y un mayor relieve en el aspecto metapsicológico del entrevistado.

 
 

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